¿Cómo bautizan a los huracanes?

Huracanes resulta ok

¿Qué tiene que ver el desierto con los huracanes?

La NASA utilizará dos drones militares reconvertidos en rastreadores de tormentas tropicales y huracanes para desentrañar los secretos de estas gigantes depresiones atmosféricas y mejorar las previsiones meteorológicas.

La misión de estos aviones no tripulados se centra en dos objetivos científicos: determinar el papel de los huracanes y de las precipitaciones en las tormentas intensas, e investigar la responsabilidad de la capa de aire del desierto del Sahara en la intensidad de los ciclones tropicales, así lo publica AFP.

Esta masa de aire muy seco y lleno de polvo se forma sobre el Sahara entre el final de la primavera y el principio del otoño boreal y se desplaza hacia la zona tropical del Atlántico, llevando grandes cantidades de polvo y aire seco.

Los científicos están divididos sobre su impacto en la intensidad de los ciclones tropicales. Algunos creen que su aire seco puede debilitar una tormenta al bloquear el movimiento ascendente de los vientos, pero otros sugieren que esto puede por el contrario aumentar su fuerza.

La NASA y la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), socio en este programa de 30 millones de dólares, esperan que los datos recopilados durante tres temporadas de tormentas tropicales en el Atlántico permitan dar respuestas.

Cada aparato está equipado con diversos instrumentos, incluyendo un láser para estudiar la estructura de las nubes, un sistema de microondas para sondear el corazón de los huracanes y un radar.

Por otra parte, la NOAA desarrolló unas sondas pequeñas de unos 200 gramos, con un sensor GPS y un paracaídas, que son lanzadas por los drones sobre la tormenta. Estos dispositivos miden varias veces por segundo la temperatura, la humedad y la presión atmosférica.

¿Dónde se forman más huracanes?

Un estudio realizado hace un año por investigadores de la Universidad de Princenton, Nueva Jersey, demuestra que la clorofila presente en los océanos tiene una gran influencia en la formación de huracanes.
El estudio llegó a estas conclusiones a través de una simulación en el Pacífico Norte donde el cambio del color de las aguas disminuyó la formación de estés fenómenos tropicales en 70%.

De acuerdo con BBC Mundo, la formación de huracanes está determinada, entre otros factores, por la presencia de clorofila en el agua, un pigmento que le da el color verdoso a los mares. El fitoplacnton, presente en las primeras capas del océano, se ayuda de la clorofila para convertir la luz solar en alimento, pero al hacerlo también evita que los rayos del sol penetren hasta zonas más profundas.

Al eliminar la clorofila de las aguas, la luz llega hasta el fondo y escapa de las zonas superficiales, evitando que se calienten. Este descenso de la temperatura disminuye el número de huracanes que se forman sobre esa zona del océano.

El agua fría genera menos calor y modifica los patrones de las corrientes de aire, dejando el aire seco en la parte superior. Los huracanes toman su fuerza del calor del agua y el aire, de forma que si disminuyen, desaparece el “alimento” de la tormenta.

¿Cómo bautizan a los huracanes?

Los científicos que se dedican a la meteorología han desarrollado diversas técnicas que les permiten prever cuántos huracanes y tormentas tropicales —y de qué intensidad— se pueden presentar durante una temporada. Aunque se esfuerzan por ser muy precisos, no siempre lo logran, ya que en el clima nada es seguro. En lo que sí tienen un total control es en los nombres que utilizarán para bautizar a los futuros huracanes. Así, los especialistas del Servicio Meteorológico Nacional, basándose en el Plan Operativo de Huracanes de la IV Región de la Organización Meteorológica Mundial, ya saben cómo llamarán a los huracanes y tormentas que ocurrirán en los próximos seis años.

Los nombres se establecen antes de conocer los pronósticos sobre la cantidad de fenómenos hidrológicos que se esperan para cada año. La asignación se hace en orden alfabético y se divide entre los fenómenos hidrometeorológicos que ocurrirán en los océanos Pacífico y Atlántico, respectivamente. Los nombres se repiten cada seis años y se alternan femeninos y masculinos. Si alguno causa grandes destrucciones, su nombre se retira de la lista y se sustituye por otro.

En México, la temporada de ciclones empezó alrededor del mes de mayo. A partir de entonces hemos escuchado noticias sobre las tormentas y huracanes Alvin, Bárbara, Cosme, Dalila, Erick, Flossie, Gil, Henriette, Ivo, Juliette, Kiko, Lorena y Manuel, aunque todavía podrían sonar los nombres de Narda, Octave, Priscilla, Raymond, Sonia, Tico, Velma, Wallis, Xina, York y Zelda. Estos nombres sólo son para los huracanes del Pacífico.

Para las tormentas y huracanes en el Atlántico, los nombres son Andrea, Barry, Chantal, Dorian, Erin, Fernand, Gabrielle, Humberto, Ingrid, Jerry, Karen, Lorenzo, Melissa, Néstor, Olga, Pablo, Rebekah, Sebastien, Tanya, Van y Wendy.

La temporada pasada, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, la cantidad de ciclones tropicales que afectaron al territorio nacional fue superior a otros años: 36 fenómenos, nueve más que el promedio anual.

Los que ya no se usarán.

Hugo. 1989
Afectó a Puerto Rico y al sureste de Estados Unidos.

Andrew. 1992
Segundo huracán que más daños ha causado en EU.

Katrina. 2005
Su nombre se sustituyó por Katia. Causó 2,000 muertes.

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