La relación México-Estados Unidos: ¿algo nuevo bajo el sol?

Barack Obama realiza su segunda visita de Estado a México, la primera durante la gestión del presidente Peña Nieto. Usualmente se generan grandes expectativas sobre posibles anuncios que pudieran marcar nuevos rumbos a la relación bilateral. Sin embargo, casi ninguna visita de presidente estadounidense alguno ha resultado en sorpresas o innovaciones que no estuvieran contempladas en acuerdos o políticas acordadas con bastante anterioridad a las giras. Para 2013, las condiciones de la relación se encuentran bajo el halo de dos aspectos fundamentales: en México, la intención del actual gobierno por modificar la relación con Estados Unidos, reducir lo que percibe como injerencia de sus agencias de seguridad en la política mexicana y, además, en un contexto más amplio, mejorar la imagen del país y presentarlo como un polo de desarrollo y atracción de inversiones, en vez de como un guerrero decidido (aunque bastante torpe) en la lucha contra la delincuencia organizada; en Estados Unidos, Obama está dedicado en cuerpo y alma a que su partido recupere el control de la Cámara de Representantes en 2014, agenda que incluye el tema migratorio (que, se presume, beneficia a los Demócratas), pero que no incluye temas relevantes para México como la regulación de las armas. Así, la pregunta precisa no es: ¿qué debemos esperar de esta visita?; sino: ¿cómo continuará el desarrollo de la relación bilateral?

Desde finales de la década de 1980, tres grandes temas han dominado la agenda binacional: comercio, seguridad y migración. Lo que ha variado es el orden de los factores a la hora de priorizarlos. En tiempos de Carlos Salinas, los asuntos económicos tuvieron su clímax con las negociaciones del TLCAN. Con Vicente Fox, las buenas intenciones en el tema migratorio se desplomaron, no sólo junto con las Torres Gemelas, sino por la dinámica interna del Congreso estadounidense y la reticencia de varios de sus integrantes sobre el particular. Con Felipe Calderón, la agenda se hizo monotemática –seguridad-, dejando todo “lo demás” a un lado. Hoy, transitar de las tendencias marcadas en el sexenio anterior a otras más esperanzadoras en términos del bienestar y desarrollo del país, no va a ser sencillo y menos cuando hay una marcada percepción en Washington de que el nuevo gobierno no sólo quiere abandonar la agenda de seguridad que sigue siendo importante allá, sino que quiere excluir a los estadounidenses del tema.

Por lo pronto, el discurso está marcado: México camina con éxito por el camino de las reformas. No obstante, la realidad pinta diferente. No sólo las reformas ya aprobadas entran en un momento crítico a la hora de su implementación (basta ir a Guerrero o Michoacán), sino que la seguridad continúa siendo el principal motivo de preocupación de la ciudadanía, de los estadounidenses –según una reciente encuesta del Chicago Council on Foreign Affairs—y, a pesar de su silencio, del mismo gobierno mexicano. De hecho, en entrevista para The Washington Post, Sergio Alcocer, subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte, sí describió un cambio relevante en la cooperación bilateral con el regreso a la “ventanilla única” para tratar la seguridad a través de la Secretaría de Gobernación. Asimismo, la Iniciativa Mérida cambiaría su enfoque primordial de fortalecimiento de las instituciones de seguridad, por uno de prevención.

De acuerdo con el canciller José Antonio Meade, México debe ser capaz de poner sobre la mesa varios temas con la misma relevancia y no concentrarse en uno solo. Correcto. La cuestión es que hay asuntos cuya dinámica está tan aceitada que prácticamente operan de forma natural; el principal, la interacción económica. Entonces, ¿puede concentrarse la relación en lo “sencillo” y dejar en segundo término lo complejo y problemático? No lo creemos.

El gran tema, confiadamente no el gran “ausente” de la visita de Estado, es, o debería ser, la negociación de un tratado comercial entre Estados Unidos y Europa. Ese es el único tema que realmente es crítico para México en este momento: México tiene que lograr que sea una negociación entre los países NAFTA y la Unión Europea o México será el gran perdedor. Si México queda dentro del acuerdo, su potencial como exportador hacia Europa se torna infinito porque todo lo producido en América del norte súbitamente satisface las reglas de origen. Si México queda fuera, las sinergias entre Estados Unidos y Europa podrían dejar a México marginado como estaba antes de que se iniciara el TLC en 1994. No hay tema más importante para México esta semana.

vía cidac.org

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