Lo que no se aprende en clase

La escuela es importante por lo que se aprende en los salones de clase pero también por lo que se aprende fuera de ellos. En ese sentido, se puede hablar de que hay un aprendizaje “curricular” y un aprendizaje “extracurricular”. En el primero se encuentran las fórmulas matemáticas, los ríos más grandes del mundo, las reglas gramaticales, el vocabulario de un idioma extranjero, los diferentes grupos del reino animal, la diferencia entre una galaxia y una constelación, fórmulas de química, física, etc. En el segundo se encuentran todas esas “cosas” (liderazgo, comunicación, resolución de problemas, negociación, etc.) que muchas veces se aprenden sin darse cuenta pero que en más de una ocasión prueban ser más útiles que las que se aprenden dentro del salón de clase. 

Uno de los problemas que se presentan en la estructura actual del sistema educativo es que en la mayoría de los casos (sobretodo en ciertos niveles) se premia a los alumnos que tienen una buena memoria. Tanto para el alumno como para el maestro es mucho más sencillo participar en una clase en donde una y otra vez se repiten conceptos que en una clase en donde se busca que los alumnos piensen por si mismos. Esto es quizás uno de los incentivos más perversos y que más daño le hacen al sistema educativo. Memorizar el resultado de 2×7 no necesariamente le permite al alumno calcular el resultado de 12×17. 

Desafortunadamente, gran parte de lo que se aprende de forma “curricular” se basa en memorizar conceptos, fórmulas y propiedades. Lo cual no esta mal para ciertas profesiones: impensable que un abogado olvide un artículo, o que un médico no sepa las propiedades de cierto órgano. El problema, aparece cuando al poner un énfasis en memorizar lo que dice el profesor o lo que dice el libro se deja de lado el desarrollo de habilidades intelectuales y emocionales. Esto, para muchas carreras y profesiones termina siendo muy grave.

Por ello, la pregunta relevante es: en un mundo en donde los más complejos y sofisticados conceptos se encuentran a tan sólo un “click” de distancia ¿tiene sentido que la escuela siga teniendo un componente tan alto de memorización? Mi experiencia me dice que no. 

Por ello, considero que es necesario, entre muchas cosas, pasar de un sistema que premia, desarrolla y certifica una serie de conceptos memorizados por un sistema en donde el aprendizaje este basado en el desarrollo de competencias y en el “saber hacer” (know how). Al mismo tiempo, es necesario incluir dentro del contenido de las clases aspectos y habilidades que tradicionalmente se han aprendido fuera de ellos (comunicación verbal y corporal, trabajo en equipo, administración del tiempo, etc.)

En estos momentos en donde la reforma educativa esta en boca de todos, considero que es necesario replantear la naturaleza, objetivos y metodología de lo que debe aprenderse en la escuela. De esto ya se han dado cuenta muchas empresas que, más que evaluar conceptos o conocimientos en los jóvenes, buscan interés, compromiso, deseos de superarse y habilidades sociales.

El ritmo actual de vida y el dinamismo económico mundial suele premiar a aquellos que más que conocer cosas saben aplicarlas y adaptarse a los cambios mundiales. Con tanta información disponible parece que lo importante ha dejado de ser “saber muchas cosas”; ahora lo importante es “saber qué hacer con ellas”. Para ello, es necesario cambiar el enfoque del sistema educativo, esto es, pasar de conceptos teóricos aislados a competencias prácticas.

AUTOR: ERNESTO GARCÍA

viá cidac.org

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